Nacimos,
siendo semillas
moldeadas al vientre materno.
Crecimos,
y algunas resquebrajaron
las heridas que una infancia
dejó para ser marcada.
Nos enseñaron a ser mitad,
escondiendo que el amor verdadero
es encontrar en sí misma
esa otra porción.
Cada rama que brota
es la señal de una nueva conexión.
Con una arveja, un canto, un gorrión...
bellezas de la naturaleza
que forman sobre nuestro cuerpo
una persona única, infinita.
Única como la Frida
que se esconde en cada célula,
de cada alma que ama el albedrío,
como un pájaro enjaulado
al que se le brinda la brisa
de la oportunidad de vivir.
Frida perdió sus piernas
y hasta la enferma cordura
pareció abandonarle alguna vez,
en sus días más sombríos.
Pero recuerda...
En la oscuridad,
allí donde no hay salida
siempre descubrirás unas alas,
escondidas en tu espalda,
que te guiarán hacia
la autonomía,
la igualdad,
la libertad...
para que cuando te encuentres
reflejes un bello jardín florecido.
Dentro de ti.