miércoles, 28 de marzo de 2018


Todas esas palabras, esos versos,
un día saldrán a la luz
y entonces no me digas que te lo dije.

jueves, 22 de marzo de 2018

El canto del mirlo recuerda
cómo pasaron las horas tardías.
Vacías para la mente y plenas en el alma.
Invierte el significado del número de la suerte,
que ahora refleja el esfuerzo, el quedarse en la puerta.

El tacto de la piel, siempre tensa,
también cuenta historias pasadas
donde el único lugar seguro
era el borde de un precipicio.

Apurando las palabras para sentir
la brisa del devenir,
donde la regla del juego es
quedarse a punto,
siempre tendiendo al límite,
como las integrales al infinito.


Los párpados pesan demasiado
y tengo miedo de que se cierren para siempre.

jueves, 15 de marzo de 2018


Las ramas caídas.
Las mentes baldías.
Los suspiros que transitan hacia la niebla.


Si no te miro, no me ves.
Si te veo, me miras.
Si otros te miran, los ves.
Si otros no te ven, los miras también.


Y así hasta sentirse nada.

Esperas que caiga el sueño
para entrar en otras oscuridades.
Dejando paso al desconcierto,
matando la intimidad.


Los días de lluvia convierten mi pelo en un mar bravío donde el flequillo cobra el protagonismo convirtiéndose en la gran ola de Okusai 🌊

miércoles, 7 de marzo de 2018

Versos escondidos, regalados,
fruto de la complicidad.

Versos que nunca conocerás,
ni su significado ni su esencia.

Versos que enloquecen,
renacen las tripas revueltas
y hacen dudar, todo el camino.



lunes, 5 de marzo de 2018


Perdida, con todo por hacer.
Todo por poder hacer.

Tantos caminos,
que da miedo adentrarse en alguno,
sin la certeza de saber acabarlo.

Te vomité
como quien nada hacia el infinito,
sabiendo que el trofeo nunca será suyo,
pero buscando en cada arrecife
una señal para volver a empezar.

Tanto tiempo pensando en el colapso del sistema, que no fuiste capaz de ver el tuyo propio.


La chica de los bloqueos.
La que no sabía amar, ni cuidar.
La que ofreció todo, y todo sólo llegó al vacío.
Nunca era suficiente para nada, ni para nadie.

La chica que gustaba de mirar sus ojos llorosos, así el espejo atravesaba mejor la tristeza y quizás algun día llegaría a entenderla.

La que perdió la fe por la humanidad demasiado pronto y lloraba por las injusticias al otro lado del mundo.

La que echaba de menos más una zarpa que una mano y prefería los golpecitos en la cabeza a un beso de protocolo.

La que se rompió mil veces, y mil veces se recompuso. También perdía los sueños cuando los cumplía.

La que tenía un agujero negro que se alimentaba de lágrimas, provocaba un vacío en el pecho e iba consumiéndola poco a poco.

La chica que soñaba con convertirse en rapaz, alzar el vuelo y no parar. No parar hasta la extenuación, hasta dejar de sentir cada articulación y esperar la caída final, que sería como su vida: a sabiendas y sin sentido.

Sé que si me voy
no sufrirás la ausencia de mi aroma.

Fluirán tus sentimientos,
encontrarás el equilibrio.

Yo, estaré anclada en mi agujero.
Negro como mis próximos días.
Hasta que no sé cómo, cuándo ni dónde,
renaceré más verde y fuerte.