lunes, 5 de marzo de 2018


La chica de los bloqueos.
La que no sabía amar, ni cuidar.
La que ofreció todo, y todo sólo llegó al vacío.
Nunca era suficiente para nada, ni para nadie.

La chica que gustaba de mirar sus ojos llorosos, así el espejo atravesaba mejor la tristeza y quizás algun día llegaría a entenderla.

La que perdió la fe por la humanidad demasiado pronto y lloraba por las injusticias al otro lado del mundo.

La que echaba de menos más una zarpa que una mano y prefería los golpecitos en la cabeza a un beso de protocolo.

La que se rompió mil veces, y mil veces se recompuso. También perdía los sueños cuando los cumplía.

La que tenía un agujero negro que se alimentaba de lágrimas, provocaba un vacío en el pecho e iba consumiéndola poco a poco.

La chica que soñaba con convertirse en rapaz, alzar el vuelo y no parar. No parar hasta la extenuación, hasta dejar de sentir cada articulación y esperar la caída final, que sería como su vida: a sabiendas y sin sentido.

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