La memoria juega al escondite
y no puedo recordar
cuándo la tradición pasó
de soplar velas
a secar llantos.
Sin atisbos de calor
y con pelos sedosos
enmarañando el corazón
pasa un año más.
A la deriva.
Sabiendo que floto
sin un rumbo fijo
pero en buena dirección.
*13/06/2018
No hay comentarios:
Publicar un comentario